Buscar

LEPISMA

Creación y crítica literaria

mes

febrero 2017

El valor de la escritura

Alejandro Solano Villanueva

escritores-inteligencia-artificial-silicon-valley

Ya tiene mucho que no me siento a escribir algo pretendidamente profundo con la esperanza de que llegue a un público más allá del de mis contactos en Facebook. Escribir de este modo, por encargo o por la obligación del deber ser de la profesión pseudocrítica o pseudocreativa o pseudo… ustedes saben, es una carga con la que no estoy acostumbrado a lidiar. En estricto sentido no me considero un escritor ni un intelectual, vaya, ni siquiera me siento en posición de asumir el rol de crítico. Tampoco puedo confesar, en el terreno de la cursilería, que escribo cuando nace algo de las profundidades de mis entrañas, que des-cribo la locución de mis sentimientos y que justo en el momento en que desaparece la última estrella de la madrugada, surgen de mi limitado intelecto un montón de imágenes y sentimientos que me permiten explotar toda la semántica de las palabras. Creo que me falta talento, sensibilidad, disciplina y, claro, estar en el mercado. No dudo que eso pase con los que recitan versos hasta por los codos o con los que venden libros como el panadero de la Bella y la Bestia: “ahí viene el panadero como siempre, su mismo pan viene a vender”. Digo, algún talento deben tener aquellos que producen palabras en serie.

            Pregunto: ¿Cómo se define a un escritor?, o, permítame reformular, ¿Qué hace que una persona se defina a sí misma como un escritor, un crítico, un intelectual? Durante el siglo XIX, según Giuseppe Scaraffia, la escritura entró de lleno al terreno del mercado, al territorio de la compraventa. Es más, para que a una persona se le considerase un escritor hace dos siglos, era solamente necesario adoptar el semblante de producción: la mano en el aire, los versos en la boca a diestra y siniestra, las horas frente al escritorio. No importaba ni la calidad ni el valor intelectual de lo escrito, siempre y cuando se pudiera vender el producto a una masa ávida de entretenimiento, dice Scaraffia: “vender supone el necesario, indispensable corolario que se corresponde con el fuego que convierte la ofrenda en humo, ofreciéndola a dios”.

Sin embargo es esto sólo un juicio social. La sociedad de ese entonces, al no poder absorber positiva y moralmente la obra de Baudelaire, por ejemplo, lo único que logra hacer es someterlo a las leyes del mercado. Los hombres doctos, críticos, protectores de lo bello y bueno de ver, no alentaron la producción del poeta porque no se adaptaba a las reglas de la compraventa, lo cual estaba (está y estará) asociado a lo moral (el buen gusto siempre es moral). El gusto, recordemos, no está moldeado enteramente por el individuo, sino también, y a veces más importante, por el contexto social que lo rodea y que lo determina.

captura-de-pantalla-3
Cultura colectiva

Es verdad, la escritura se sitúa más allá del valor del cambio. Mas, ¿no es éste un parámetro que aún permea? Lo podemos pensar de la manera más infantil, cursi y fantasiosa posible, decir, por ejemplo, “yo no escribo para vender libros, sino para expresar mis sentimientos, mis pensamientos, a través del arte de las bellas palabras”… ¡Claro, señor don escritor revolucionario vanguardista new age, claro! Usted muy bien, qué bueno que tiene claro que su prosa o su lírica es una muestra profunda de su paso por el universo, paso que tiene que compartir con otros 7,500 millones de personas en el mundo a las que no les interesa lo que usted o lo que su grupo de escritores tengan que decir, porque no existen, existimos, en el imaginario intelectual. Queramos o no, se necesita del mercado para llegar a los oídos de los escépticos y abrir los ojos de los neófitos. O piénselo usted, los escritores que amamos, admiramos y de los cuales queremos seguir los pasos son los que, precisamente, alcanzaron el valor suficiente para enrolarse en el mercado. Sin talento y un poco de suerte, me parece que es muy complicado llegar hasta ahí. Mientras, sigamos cabalgando ingenuamente en el carrusel de las becas culturales y los apoyos de publicación, sigamos intentando alcanzar el valor del mercado (claro, aunque usted lo niegue intentando salvar su alma revolucionaria). Ahora es más claro aún, no soy, ni puedo ser, un escritor.

Anuncios

Los berros

Para “La Toña”, cuyas manos me regaló.

 

Ayer fui al parque con mi sobrino. Decidí llevarlo para que se olvidara un rato de las peleas entre sus padres y, sobre todo, porque recordé que cuando yo tenía su edad mi madre no me dejaba subirme a la resbaladilla más grande, alegando que podía caer y romperme un brazo. Llegar ahí fue emocionante, pues era una especie de reencuentro con mi niñez, perdida hace más de quince años, cuando mis padres también se separaron.

            Con tristeza anuncio que el parque no es el mismo. De los columpios, sube y baja y resbaladillas que atestiguaron mi crecimiento no queda nada. Alguien decidió que era buena idea reemplazar los juegos por otros muy raros que nadie entiende y la diversión parece no hallarse ahí. Lo que más dolor me causó fue no ver la mítica y enorme resbaladilla de la que mi madre nunca (sí, nunca) me dejó aventarme. En realidad creo que me subí una vez, pero no lo recuerdo, pues mi mente sólo me habla de la frustración al no poder divertirme con plenitud.

            Mientras miraba a mi sobrino escalar cada uno de los juegos del parque comencé el ejercicio de traer al presente los recuerdos de los años infantiles. Me encontré, de pronto, con la grabadora a la que le hablaba para hacer programas de radio ficticios y me di cuenta de que cambiamos sin ser conscientes de ello, pero al mismo tiempo seguimos haciendo las mismas cosas: hoy los programas radiofónicos se volvieron reales y, además, grabo videos exponiendo mis puntos de vista sobre cualquier tema que me parece interesante y esas imágenes van directo a Youtube, donde otros usuarios tienen oportunidad de ver y escuchar aquello que tengo que decir.

            Intenté ir más atrás, en la memoria, y pude traer desde allá el diario que la maestra de primaria nos hacía escribir, con la finalidad de ejercitar nuestro vocabulario. La mano derecha me dolió los primeros días después de redactar los sucesos ocurridos a lo largo del día. Poco a poco la muñeca fue habituándose al movimiento y el dolor desapareció por completo. Y es que siempre tuve la tendencia a escribir mucho, ya fuera en los exámenes, en las tareas, en cualquier superficie que se me permitiera. Como se puede ver, esa es otra costumbre que no he dejado de practicar.

            Ahora no me duele la muñeca después de redactar varias horas. Lo que me duele es la punta de los dedos que martillan el teclado de la computadora portátil. Y es que esa tendencia a decirlo todo mediante la escritura no ha desaparecido y fue la que me llevó, de alguna forma, a dedicar mi vida a la literatura y a escribir sobre esos recuerdos que se me vienen a la mente de vez en cuando. ¿A ti, lector, te ha llegado uno de esos recuerdos tras leer mis palabras?

berros01

            Veo a mi sobrino aventarse de una resbaladilla pequeña, luego corre hacia mí ya tengo hambre, vámonos. Sus palabras me sacan, por un momento, del flujo de la memoria para volverme a sumergir, ahora con más fuerza. Mientras caminamos hacía casa desde el estómago me viene el sabor de la sopa de mi abuela Toña. Esa que nos daba la suficiente fuerza, a mi prima (la madre de mi sobrino) y a mí, para seguir jugando toda la tarde en el patio y así no molestar a los grandes. Vuelvo a saborearla por un breve espacio de tiempo y me dan tristeza todos los intentos fallidos que he tenido al tratar de emular esa sopa que me alimentó dieciocho años, el tiempo que logré conocer a mi abuela, después partió a un lugar donde no sé si pueda alcanzarla.

Susana Vera

Iron Maiden, tal como lo imagino

Querida imaginación, lo que sobretodo me gusta de ti es que no perdonas.
Andre Bréton

Dos discos de Iron Maiden están asociados a mi vida. The Number of the Beast fue el primer álbum que tuve en mis manos. Teníamos el LP en casa, junto al de Carlos Santana, Gloria Trevi, Michael Jackson, porque mamá trabajó en una tienda de discos por ahí de 1985. En la portada el Eddie se mostraba de cuerpo completo, ligeramente inclinado hacia el lado derecho de quien mira; una cabeza que alguna vez fue humana salía por debajo de la cabellera donde dos sinuosas llamaradas ardían en lugar de ojos; esas cuencas nunca tuvieron vida como los botones en el rostro de las muñecas; eran, en cambio, reflejo del fuego que portaba Eddie en una mano como sirio contrito a mitad de la noche. En primer plano sobresalían las falanges e imaginaba de pronto a quien miraba quedarse absorto, pensando en el crecimiento de las uñas: cómo prolongaban la existencia, cómo se aferraban a una vida que pervivía sólo a través de su muerte.

Recuerdo también las medusas dedos de membranas capilares.

Eran cuerdas.

Bajo el Eddie se situaba un hombre desnudo color escarlata con las dotes del Diablo. Por su postura, sabía que emulaba la posición del gigante pero también de los astros; en vez de fuego la diestra portaba el tridente mientras que la otra cubría apenas las partes que llamamos pudendas. No podía saber a mis 14 años, Señor Todopoderoso, qué es lo que sucedía finalmente en el suelo: el pelo ensortijado era una señal que, pese a su miniatura, engañaba, distraía (cuando menos) del aquelarre. En ese submundo, doble marioneta del Diablo y de sí mismo otro pequeño Eddie practicaba una danza que sugería oscuras contaminaciones; los arcángeles atormentaban a criminales hasta la hora en que otros, los menos, se elevarían más allá del Gólgota con la puesta del sol.

the-number-of-the-beast-1982-album-cover-full

Yo no quería ser escritor. Nací en Córdoba, Veracruz, donde se nace para cuidar la siembra o ejecutar la jarana. Es por eso que en mi adolescencia decidí entregar mi vida a la música. Fue con una banda de rock que tuve mi primer empleo: con ellos haría la revolución, quemaría tras de mí todos los libros, tendría mi primera noche en blanco; con la paciencia de Jim Morrison grabaría un disco que fuera no la explicación sino la interpretación órfica de la tierra; sería un demo arquitectural, premeditado, con ocho, nueve canciones; perdería la batalla joven en un escenario, pisando el tono más agudo de la escala de mi Dean Dimbag ML, tal como le sucede a Steve Vai en el duelo de Crossroads, frente a Ralph Macchio, famoso por interpretar su otro único papel en el Karate Kid.

Esto no sucedió así.

Fue entonces cuando comencé a coleccionar los discos de Iron Maiden. Pero al Córdoba de finales de los noventa no llegaban las versiones originales de emi records; si lo hacían, nunca visité estos lugares o simplemente no habría tenido dinero para comprarlos. La bancarrota de papá nos impedía gastar en discos, ropa de marca e incluso en salidas al cine. En cien palabras como «madre», «moribundo» o «milagro» él me enseñó a trabajar la tierra, a escuchar las palabras del rebaño, a ser corifeo en todos los pueblos. Pero no me reconocí en el llamado —me reconozco ahora—; los hados erraron la predicción de nuestro sino, olvidando el secreto para siempre siempre siempre.

(Ésta no es una canción de Johnny Cash, aunque se le parezca).

(Éste no es un Vallejo, aunque hay golpes en la vida tan fuertes… «¡Yo no sé!»).

Para no escuchar comencé a incrementar en secreto las versiones piratas de mi particular fonoteca. Hacia principios del 2003 conocía bien el sonido ronco, limpio de Black Sabbath y Led Zepellin, el panteísmo de Deep Purple, la metafísica de Helloween, la furia del tridente Testament-Megadeth-Metallica, el inmoralismo vital de Slayer, el infierno reinventado de Pantera. Nunca me gustó Nirvana ni entendí el diálogo de Jethro Tull con la música irlandesa; y en cuanto a Pink Floyd, confieso que fue un descubrimiento tardío. De Maiden tuve todos sus discos hasta el Brave New World, lanzado en mayo del 2000, marcado por el regreso del guitarrista Adrian Smith y Bruce Dickinson a las letras. El heavy metal fue mi mejor instrumento, pero jamás lo utilicé para penetrar en lo real ni construir un ideal, sino para fugarme de lo cotidiano. Tras su aparente irresponsabilidad había una gran conciencia de su propio papel; detrás de la alegría irrespetuosa había disciplina, rigor; más allá de su huida intrascendente, una real preocupación por limitar fronteras.

Podríamos titular a este ensayo “El triunfo de la mentira”. Mas no era la mentira en sí la que me interesaba tratar aquí sino las circunstancias que rodean su redacción.  Tenía 21 cuando me percaté de contaba con un disco apócrifo de Maiden. No lo conté a nadie, por supuesto, lo confieso ahora. Durante muchas y muy prolongadas noches de insomnio adolescente, Powerslave me había vuelto arrancado el mundo hasta entonces conocido y aceptado y creído como propio, para revelarme en su lugar el amor incodificable del silencio como metáfora de la creación más pura: una «espiral aspirada de inanidad sonora…». Sin duda era éste uno de los álbumes más importantes de la banda británica: en la portada el Eddie faraónico vigila de manera perene el horizonte, como la esfinge que advierte al divino Edipo: «!Adivina o te devoro!».

maxresdefault

Soy el imbécil que ha pasado toda su vida rindiendo pleitesía a un disco de Maiden que no existe.

En verdad salido de uno de sus enigmas parece el hecho de que no me hubiese percatado de que la factura era lo único que coincidía con la banda, pues ni el tracklist de la contraportada ni el número de canciones coincidía con el cd. Crecí escuchando el disco que alguien —el vendedor mismo— puso en la caja incorrecta. Y por alguna razón no me enteré del fallo hasta que el Internet llegó a casa. No podía ser de otro modo: la suprema extravagancia del siempre ciego enamorado es amar de oídas… pero canciones como “Acces High” o el mismo “Powerslave” (las verdaderas) me resultan lejanas, indiferentes. Amar de oídas es adorar con locura sin haber visto nunca lo que se extraña; para Octavio Paz como Maná amar es combatir: confiar a la fe sentimental el deseo más irrefrenable o ceñir simplemente a la suerte el afecto caprichoso de la infamia por lo que se dice. También Mallarmé tuvo su noche de prolongados silencios aunque en la suya, idumea, se enamoró de una forma, de una idea que jamás se vio transfigurada en Libro pero que nosotros intentamos —necesitamos— creer, son sus poemas la definición mejor.

Todavía veo el disco en alguna estantería del Mixup, y me cuesta trabajo asociar un sonido a él que no sea el de mi adolescencia. Y me resisto a revelar su máscara más cara poniendo el álbum en el Youtube, pues de alguna manera puedo vivir así, sabiendo que existe aún la gran obra de Maiden que no he escuchado.

Diego Lima
flm

Estío o cómo te enamoras de Delphine en verano

No conoce el arte de la navegación
quien no ha bogado en el vientre
de una mujer, remado en ella,
naufragado
y sobrevivido en una de sus playas.
Cristina Peri Rossi, Bitácora.

La Belle Saison (2015), titulada en español como Estío, es la última película de la cineasta Catherine Corsini. Se trata de la historia de Delphine, una joven francesa nacida y crecida en el medio rural a la que le gustan las mujeres. Ella no puede mostrar su naturaleza debido a su entorno. Después de una ruptura amorosa con una chica oriunda de su pueblo por su próximo casamiento acordado, Delphine viaja a París y es ahí donde, por obras del azar y de los impulsos sororarios, conoce a Carole, una maestra de español feminista.

Son los inicios de los años setenta y la capital francesa y alguna campiña apartada fungen como escenario para el romance y el descubrimiento amoroso de dos mujeres en pleno movimiento libertario. La voz de Janis Joplin suena en el fondo, aguardentosa y aguerrida, durante las escapadas callejeras después de una intervención pública, los besos y las caricias rebeldes.

16651638_10154928924751542_665017180_n

Más allá de la fácil contraposición de contextos sociales evidentes entre las personajes principales como campo-ciudad, norte-sur, clase trabajadora-burguesía, Estío es una crítica a las omisiones del feminismo eurocéntrico demasiado constreñido por el privilegio de clase y el heteropatriarcado interiorizado. Es una propuesta cinematográfica que quiere homenajear la lucha feminista, alumbrando los puntos de tensión a lo largo de sus procesos y hermanando los aciertos de los diversos frentes que ha ostentado con los años, las discusiones y autocríticas.

¿Qué ha pasado cuando un grupo de mujeres blancas jóvenes deciden defender sus derechos frente a las violencias patriarcales que las oprimen? Resulta que reflexionan al respecto y realizan actos que reivindiquen su libertad. Sin embargo, la historia les mostrará que aquello contra lo que luchan es una mínima parte de lo que otras tantas mujeres experimentan dentro de un sistema heteropatriarcal. No todas vivimos las mismas opresiones y estamos atravesadas de distinta manera por las construcciones sociales validadas por el machismo.

La situación que intento debatir arriba puede quedar clara de manera muy sencilla tomando en cuenta algunos aspectos que el film representa. El primero es fundamental, el padre de Delphine la supervisa, le llama la atención y la apura sobre el hallazgo de una posible pareja heterosexual. Con la advertencia de que “la soledad es terrible”, el hombre simplemente da su sentencia sobre la sexualidad y vida amorosa de su hija porque, como lo dictan sus leyes, ella le pertenece por el hecho de ser mujer. A sus ojos, ella es heterosexual y debe reproducirse. (Fuera de la trama, la realidad supera la ficción y es momento, en pleno siglo XXI, que las mujeres no contamos con la libertad de decidir sobre nuestras cuerpas; todavía un estado autoritario expone las vidas de miles de mujeres en abortos clandestinos). El caso de Delphine es ligeramente distinto, este orden de cosas la discriman.

Otro momento del film que ilustra esto es cuando una de las compañeras feministas asume que Delphine toma la píldora anticonceptiva y una pregunta retórica le sirve para enjuiciar el hecho de que la joven lesbiana no ocupe método anticonceptivo alguno como algo negativo sin imaginar siquiera las posibilidades que escapan de la regla impuesta.

Por último, rescato la escena de la discusión entre feministas reunidas en casa de Carole cuando una de ellas comentan que un joven homosexual, amigo suyo, se encuentra internado en un manicomio, por disposición de su familia, para recibir “tratamiento” que lo “cure” de esa “patología” y debaten entre ir a rescatarlo o “enfocarse” en el reclamo de sus úteros, por lo que otra de ellas refuta (han pasado menos de cincuenta años, la distorsión sigue vigente, contra ello trabajamos por un mundo libre de violencias).

Me parece acertado que la Corsini visibilice la homofobia (ahora diremos también transfobia, lesbofobia) dentro del movimiento feminista con el joven gay porque enfatiza la posición de Delphine, quien silenciosa observa el confrontamiento entre posturas dentro del grupo de feministas al que pertenece desde que llegó a París y donde conoció a Carole. Por un lado está la lucha por el aborto seguro y gratuito, por otro el observatorio de feminicidios, otro más es la defensa de las tierras y el agua, y así otras tantas resistencias, todas dignas y necesarias; es absurda la enemistad, desvinculación, falta de autocrítica, contradicción.

16491502_10154928924731542_1925606662_o

El personaje de Carole se transforma a partir de que conoce a Delphine. (Hay mujeres a las que una les adivina una soledad perdonada por sí mismas que se entrelaza con la propia). El feminismo y el lesbianismo están imbricados y se deben una a la otra. La comedia dramática de Corsini avanza en este aspecto y logra un largometraje en el que las actuaciones de Cécile De France, Izïa Higelin y Noèmie Lvovsky son fabulosas.


16651773_10154928923676542_1850168885_n

Parte del discurso de Angela Davis el día de la Women’s March, el pasado 21 de enero de 2017, fue visibilizar la necesidad de hacer crítica insterseccional desde el feminismo ante un panorama tan terrible como el que vivimos ahora que fue electo como presidente de Estados Unidos un onvre como Donald Trump, hijo sano del heteropatriarcado:

Nos comprometemos con la resistencia colectiva. Resistencia contra los que se lucran con las hipotecas multimillonarias y la gentrificación. Resistencia contra los partidarios de la sanidad privada. Resistencia contra los ataques a musulmanes e inmigrantes. Resistencia contra los ataques a personas con discapacidad. Resistencia contra la violencia del Estado perpetrada por la policía y a través del complejo industrial penitenciario. Resistencia contra la violencia de género institucional y personal, especialmente contra las mujeres trans de color.[1]

Por otra parte, Bárbara Sostaita escribe en su artículo “I’ll pass on ‘Unity’ and The Women’s March” sobre cómo el feminismo blanco está en deuda con los feminismos de las mujeres de color, aquí les recuerda sus privilegios mientras evidencia la razón por la cual no comparte un llamado que le parece teatral si carece de una crítica inteseccional y da cabida a las mujeres oprimidas, sin privilegios:

We will be the ones who suffer most as a result of the choices a majority of white women made on November 8th. This is a painful process and before the topic of “unity” can be broached, we need proof that white women have our backs.

Unity cannot take place until that promise has been demonstrated. Without that, I’m left to wonder whether women taking to the streets on Saturday are doing so out of real solidarity or just for some self-congratulating ally theater. And because there’s a really good chance of the latter, I’ll be sitting this Saturday out.[2]

16651606_10154928923316542_1646284031_n

Es solo un ejemplo de que a medio centenar de años debemos cuestionar nuestras actitudes con lxs otrxs y voltear a ver de veras a lxs más desprotegidxs y atropelladxs porque, ellxs sobrevivientes, nos conducirán por los tiempos de precariedad. Escuchar sus voces es el inicio de la alianza.

Eloísa del Mar Arenas Torresdey

 

 

[1] (Consltado el 30 de enero de 2017 en: http://www.eldiario.es/tribunaabierta/Angela-Davis-marcha-mujeres-Washington_6_604799536.html)

 

[2] (Consultado el 31 de enero en http://feministing.com/2017/01/19/ill-pass-on-unity-and-the-womens-march/)

 

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

Subir ↑